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miércoles, 23 de noviembre de 2016

NORTH PARADISE:

Noruega o Reino de Noruega se conoce como un Estado soberano de Europa septentrional, organizado en diecinueve provincias y su capital es Oslo. Junto con Suecia, Finlandia y una parte de Rusia, forma la península escandinava. Su forma de gobierno es la monarquía democrática parlamentaria, que consta del Primer Ministro y su consejo. Además fue nombrado en 2014 como el país más democrático según "The Economist".  

Vista desde satélite de Noruega, original aquí
En 1814, los noruegos resistieron a la cesión de su país a Suecia y adoptaron una nueva Constitución. Suecia invadió Noruega. Lo cual provocó un fuerte nacionalismo, que llevó a un referéndum en 1905, concediéndole la independencia a Noruega.

Se mantuvo neutral en la Primera Guerra Mundial y en el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, pero fue ocupada durante cinco años por la Alemania nazi. En 1949, Noruega abandonó la neutralidad y se convirtió en miembro de la OTAN. A finales de 1960 descubrieron el petróleo y gas en aguas adyacentes, lo que impulsó indidablemente la fortuna económica del país, convirtiéndolo actualmente en uno de los países más ricos del mundo, y no solo por esos recursos naturales, sino también por: energía hidroeléctrica, gas natural, minerales, pesca y la silvicultura. Finalmente, en noviembre de 1944 optó por salirse de la Unión Europea mediante un referéndum.

Noruega tiene una economía estable con un vibrante sector privado, un gran sector estatal, y una extensa red de seguridad social. El Gobierno administra los recursos petrolíferos del país a través de una amplia regulación.

El sector del petróleo proporciona alrededor del 9% de los puestos de trabajo, el 15% del PIB y el 39% de las exportaciones, según las estimaciones oficiales. Es además, uno de los principales exportadores de petróleo del mundo. En previsión de eventuales caídas en su producción, el país ahorra los ingresos del Estado de las actividades del sector petrolífero en el mayor fondo soberano del mundo (valorado en mas de $800 mil millones a principios de 2016). Otros sectores de su economía incluyen la industria alimentaria, la construcción naval, la metalurgia y la minería, etc.

Imagen paisaje nórdico, original aquí
A pesar de esto, después de un sólido crecimiento del PIB en 2004, la economía se desaceleró en 2008, y se contrajo en 2009, antes de regresar a un crecimiento modesto del 2010 al 2015. Los precios más bajos del petróleo en 2015 provocaron que el crecimiento se desacelerase de nuevo, aumentando el desempleo y se debilitó la Corona noruega. Ya se ha conseguido mitigar el impacto tan negativo que sufrieron, haciendo las exportaciones noruegas más baratas para los compradores extranjeros, aunque el Gobierno ha expresado su deseo de aumentar el gasto público desde el Fondo de Riqueza Soberana para ayudar a prevenir una recesión.

No obstante, en 2004 fue clasificado como el país con el más alto índice de desarrollo humano (0,944), lugar que ha ocupado en 13 ocasiones desde el 1990. En 2007 se le concedió el honor de ser el país más pacífico del mundo, según el Index Global Peace. 
  
aquí una pequeña muestra de este bello paraíso nórdico.

lunes, 7 de noviembre de 2016

LA ECONOMÍA DEL HAMBRE

En 1936 tuvo lugar en España una Guerra Civil que duró tres largos años y trajo consigo graves consecuencias para los españoles, para la economía y para la posteridad. En el conflicto se enfrentaron aliados y republicanos.
Cartel propagandístico del General Franco, original aquí
El bando nacional, antiguos aliados, estaba compuesto por la burguesía, grandes propietarios agrarios, el Ejército, la Iglesia y la Falange y las JONS (ambos grupos formados por Franco para controlar a los enemigos del Régimen y llevar a cabo su voluntad). Todos ellos unidos por su ideología conservadora, franquista, el rechazo a lo extranjero y en contra de los republicanos.

Tras esta terrible lucha, se inició en España un periodo negro para la historia, una dictadura en manos del General Francisco Franco que duró desde el 1939 al 1975. Largos años caracterizados por varios hechos económicos, entre ellos una fuerte política de autarquía. Para muchos españoles fueron llamados "los años del hambre", por la falta de recursos para cubrir las necesidades básicas, condiciones laborales, etc. La otra cara de estos años fue la restauración de la propiedad privada, el enriquecimiento de muchos seguidores del régimen o la vuelta de los privilegios a la Iglesia y al Ejército. 

Esta autarquía se debió a que Franco creía que el modelo liberal era el culpable de los males de España, por lo que, el Estado era el encargado de velar por la economía del país y por su crecimiento en estos nuevos tiempos. El propio Franco lo que quedó claro afirmando: “España es un país privilegiado que puede bastarse a sí mismo. Tenemos todo lo que hace falta para vivir y nuestra producción es lo suficientemente abundante para asegurar nuestra propia subsistencia. No tenemos necesidad de importar nada”. Desgraciadamente para el país, el objetivo autárquico era una quimera. Para España, un país pequeño y atrasado, con un mercado interior pobre, con insuficiente ahorro, subdesarrollado científica y tecnológicamente, con un alto nivel de analfabetismo, con grave escasez de materias primas, mal dotado de productos energéticos y carente de petróleo, era un suicidio. El logro de esta política era el control del comercio exterior, la puesta en marcha de aranceles y la puesta en marcha del tipo de cambio de la peseta, que estuvo permanentemente sobrevalorado, agudizando los problemas de la balanza de pagos.

Para él, la depresión de posguerra tuvo su inicio a los daños causados por la Guerra Civil o el aislamiento internacional, lo cual debe matizarse; en cuanto a los daños de la guerra, sí se produjeron graves consecuencias, pero en su mayoría fueron humanas y en cuanto a las materiales, apenas afectó a determinadas zonas geográficas del país; en cuanto al aislamiento internacional, también hay que decir que muchas rutas de comercio con Inglaterra o empresas estadounidenses nunca se rompieron, así como otros apoyos, como el de Alemania, Italia o Argentina. 


Otro cartel propagandístico del bando nacional, original aquí

Las consecuencias humanas de dicho suceso fueron innumerables, desde las cuantiosas muertes por la guerra, el hambre, las condiciones de las familias, las enfermedades, epidemias, el frío y demás, se le suman las persecuciones a los enemigos del Régimen, los ajusticiados, los presos políticos y además de esto, numerosos españoles que tuvieron que recurrir al exilio para poder defender sus ideales y conservar su vida. La depuración ideológica y el retorno de la religión como base del Nuevo Estado fueron una pesada losa que impidió el desarrollo de la libertad y la iniciativa. La sociedad española fue una sociedad, además de empobrecida, temerosa. Y unido a esto, el lugar que dejaron vacío los científicos, intelectuales y maestros republicanos fue ocupado por elementos del Régimen que, en su mayoría, carecían de las cualidades y la preparación técnica necesaria.

También fue muy destacada la fijación de precios, el establecimiento de cupos y el racionamiento, así como la larga vigencia de estos mecanismos, tuvo efectos devastadores. Fijar precios oficiales por debajo de los que se alcanzarían en el mercado tiende a reducir la oferta, provoca un mayor deseo de consumo y genera un mercado negro, con este surgen a su vez los estraperlistas, una clase de nuevos ricos con hábitos de consumo y ostentación de riquezas que se hicieron bastante célebres. Los productores tenderán a producir bienes alternativos no sometidos a intervención y, por lo tanto, de precios libres, e intentarán reducir los costes. El resultado será: reducción de la oferta y precios más altos en el mercado negro. Estos efectos depresivos fueron particularmente graves en sectores como el energético y el de la construcción y rehabilitación de viviendas, consecuencia de la fijación de bajas tarifas y la congelación de los alquileres. Evidentemente, había otra solución más barata y segura de conseguir cupos más elevados: acudir directamente a los organismos interventores. Si se contaba con las influencias políticas adecuadas, se podían conseguir beneficios. La corrupción se convirtió así en otro de los rasgos característicos de la posguerra. 

El Nuevo Estado mostró una debilidad extrema. Las elevadas exigencias de los gastos militares  y las necesidades del servicio de la deuda dejaban exhausto el presupuesto. Los gastos que podían mejorar las infraestructuras, el nivel educativo y la salud de los ciudadanos quedaron bajo mínimos. Acabar con aquella situación exigía una reforma fiscal que, necesariamente, tendría que haber afectado a los poderosos, y eso era, dada la esencia del Régimen, imposible. Los gobernantes optaron por una solución fácil a corto plazo, pero con efectos letales a medio y largo plazo. Se procedió a la emisión de deuda adquirida por los bancos y monetizada en el Banco de España. Esto provocó un crecimiento de la inflación y un enriquecimiento de las bancas que consolidaron su poder sobre la economía española.

En 1951 se produjo un cambio de Gobierno. Los españoles, víctimas de tantas penalidades, empezaron a manifestar abiertamente su malestar, desencadenándose las primeras huelgas y protestas. También comenzaron a expresarse opiniones, dentro del propio Régimen, favorables a un cambio de rumbo. Pero los cambios vinieron impulsados, fundamentalmente, desde el exterior, desde Estados Unidos, la gran potencia dominante en el mundo occidental. El estallido de la guerra fría, la caída de China en manos del Partido Comunista, la fabricación de la bomba atómica por la URSS y la guerra de Corea impulsaron el proceso de acercamiento hacia España. La ayuda americana, vital para el Régimen, fue condicionada; exigió importantes contrapartidas y se mantuvo en un ámbito estrictamente bilateral.

Debido al aislamiento de España a finales de los años cincuenta, se vio obligada a adoptar un programa de excepción: el Plan de Estabilización de 1959. El Plan fue un éxito, los años sesenta fueron, finalmente, los del desarrollo. Sin embargo, el modelo de industrialización ocultaba problemas y carencias que se manifestarían al acabar la etapa de prosperidad: la economía seguía intervenida y fuertemente protegida, el sistema financiero continuaba gozando de su posición oligopolista, persistía el atraso tecnológico, científico y educativo y se había levantado un sector industrial basado en tecnologías maduras y de elevados consumos energéticos. Por lo que, España aún habiendo llevado a cabo una apertura al exterior no consiguió recuperarse tan fácilmente. 

Como observamos, la época franquista trajo consigo un fuerte periodo de decadencia en España, un atraso que nos perjudicó gravemente para ponernos a la misma altura de nuestros vecinos europeos más adelante. No fue hasta la muerte de Franco, cuando la economía española pudo remontar y dar inicio a su democratización y a su apertura definitiva hacia el mundo.